viernes, 30 de septiembre de 2016

Estado y sociedad

Cuando retomé las entradas de mi blog, renombré el mismo con el título “Baloncesto, Medicina y Humanidades”, influido seguramente por una tradición (cada vez menos patente hoy en día) por la cual la profesión médica se relaciona íntimamente con una faceta humanista.
Todavía recuerdo la primera revista a la que me suscribí como alumno imberbe de primero de medicina y que tanto me impactó: “JANO. Medicina y Humanidades”.
Siguiendo esa tradición, me permitiré intercalar en las entradas del blog, algunas que versen sobre asuntos variados relacionados con las Humanidades (música, política, literatura…), y no exclusivamente sobre deporte.
Para comenzar hoy, aprovechando la situación política de nuestro país, me voy a permitir una breve reflexión personal sobre sobre aspectos de la sociales y del  concepto de Estado, utilizando la mejor arma para la reflexión en estos asuntos que es la historia.
A la sombra de la revolución industrial (a lo largo de finales del siglo XVIII y principios del XIX), que generó un aumento de la renta per cápita y una inmensa masa social, se fraguó una asociación que marcó toda una época: la revolución industrial caminó de la mano de un creciente dominio de la democracia como sistema institucional.

Pero desde mi interpretación, siempre han coexistido dos grupos en la población, con independencia de su nivel social:
-          Un grupo complaciente, poco exigente consigo mismo, acomodado en su vulgaridad.
-          Otro (necesariamente más reducido que el primero) con una exigencia personal elevada, con afán de superación, con objetivos.
Como contraposición a esa gran masa que conforma el primer grupo (insisto con independencia de su nivel socioeconómico), siempre existió (igual que hoy) un grupo minoritario que adquiere el papel de director de la masa.
Desde mi punto de vista, lo peor de esta diferenciación es la característica de que el primer grupo pretende, habitualmente, imponer su criterio al conjunto de la colectividad, a veces incluso a través de la violencia, física o verbal, sin respeto alguno a quien no piensa como él, o no está de acuerdo con sus planteamientos.
Podría ser temerario, y reduccionista, interpretar que una parte de la culpa de la aparición de las guerras en el siglo XX es fruto de la llegada al poder de grupos de personas pertenecientes al primer grupo de población antes descrito. Seguro que no es el motivo único, pero encaja, si me lo permitís, con mi planteamiento.
Pero para mí, lo peor de ese hombre vulgar e indolente, que termina por alcanzar la dirección, es que ejerce la misma dejando de lado los principios de igualdad que le permitieron a él llegar a esa situación, e insiste en ser como es: impone su pensamiento a los demás (como sea) al considerar el del resto menos válido que el suyo.
Creo que la reflexión histórica es una de las armas más útiles para entender el presente, y en general ese grupo de población complaciente y mimado, finalmente termina por rebelarse contra aquello que le permitió tener protagonismo: la democracia y el estado contemporáneo.
Sí, terminan luchando contra la democracia al atacar su misma esencia (“todos los ciudadanos son iguales”) porque se creen mejores que el resto, despreciando sus ideas e intentando imponer, como he dicho antes, su posición con acciones directas y a veces violentas.
Pero también atacan la esencia del estado contemporáneo, base de nuestro sistema actual de convivencia. Ese estado de creación burguesa, que ha demostrado durante décadas ser una organización eficiente en alcance y recursos. Pues sí ese hombre vulgar y poco exigente consigo mismo, es capaz de exigir en todo momento la intervención de papá-Estado para que solucione cualquier problema, conflicto o dificultad, que él mismo ni se plantea resolver.
Tras la primera guerra mundial y la depresión de 1929, ya se extendió la idea de que la economía liberal estaba agotada y el sistema capitalista se derrumbaría. Pero no fue así a pesar de los pronósticos. Conviene recordar que tras esa crisis se desarrollaron tendencias de pensamiento como el relativismo y el existencialismo. El pesimismo predominó en la sociedad de esos años. ¿Os suena algo todo esto?.
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Pero os invito a un segundo vistazo a la historia. Tras la segunda guerra mundial las fuerzas políticas se congregaron en tres grandes partidos: el socialista, el comunista, y la democracia cristiana. Tres grandes partidos: Os suena de algo esto?.
Quizás la historia pueda enseñarnos algo.
¿Y el tan traído y llevado Estado del Bienestar?
Creo que hoy nos encontramos ante una repetición de acontecimientos históricos, cuyos protagonistas siguen siendo los dos grupos poblacionales, que he mencionado antes, y considero que ahora el gran damnificado puede ser el Estado.
Respetando cada concepto de Estado, para mí un Estado no es fruto de la consanguineidad, ni de la lengua, ni de la unidad territorial. Entiendo el Estado como algo sin límite físico que se basa en un deseo común de hacer algo y alcanzar un objetivo.
Por eso creo que aplicamos al término Estado del Bienestar el concepto de pretender gestionar la riqueza redistribuyendo la misma vía subsidios, pensiones y servicios sociales. Esta gestión es sostenible en épocas de bonanza económica, pero difícilmente viable en etapas de recesión.
¿Cómo encontrar el equilibrio que permita mantener estos logros sociales sin hipotecar el futuro condicionado por los ciclos de la economía y las crisis económicas?. El problema es que todavía somos esclavos del concepto de Estado derivado de la ideas roussonianas y de la Revolución francesa: el estado es simplemente una institución al servicio del pueblo.
Cuanto me gustaría que nuestra idea de estado fuera distinta. Abandonar esa idea de papa – estado, y transformarla por un concepto más moderno, donde el  Estado sea un espacio ciudadano a reconquistar, sobre una democracia reconstruida sobre bases saneadas.
Sólo cabe una lectura en la onda de Hermann Hesse cuando decía: "No me interesa nada de lo político, de lo contrario hace mucho que sería revolucionario."

viernes, 23 de septiembre de 2016

¿Qué hace el médico de un club profesional?

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Seguramente si tuviéramos a mano una Appgree y realizáramos esta pregunta a un público amplio, encontraríamos un 99% de las respuestas en la casilla de “tratar lesiones”.
Dieciséis años en el deporte profesional: 2 en el baloncesto femenino, y 14 en el masculino (más 2 años simultáneos en el fútbol sala), me permiten rebatir esa tendencia de pensamiento.
Es la idea generalizada, porque es lo que reflejan los medios de comunicación: un médico saltando al campo cuando un jugador se lesiona, para determinar si la gravedad de la lesión le impide o no seguir jugando. Fin de su labor.
¡¡ Lástima de imagen la que se transmite de nuestro trabajo ¡¡.
Quizás los culpables hemos sido nosotros mismos, ya que no hemos sido capaces de modular una imagen más real.
Zlatan Ibrahimovic decía en una entrevista a Aspetar
Sports Medicine Journal, (hablando sobre la relación médico y futbolista): “Para mí, el médico es mi mejor amigo. Es a quien doy más confianza porque no me ve sólo como un jugador de fútbol”. Fantásticas palabras sin duda.
Y lo cierto es que debería ser así, y lo es en la mayor parte de los casos, pero es evidente que ello depende finalmente de la personalidad y el carácter de cada médico. Conseguir el equilibrio entre preservar la salud del jugador (lo primero sin discusión posible) y las presiones para que un jugador juegue, es difícil.
Imaginad la presión ante un jugador que ha sufrido una pérdida de conciencia de unos segundos tras un traumatismo en la cabeza, cuando el médico dice que no debe volver al campo, y todos (jugador, entrenador, público) están presionando para volver. Mantener el tipo y sacar al jugador del campo por el riesgo (mayor o menor) que tiene, exige mucha templanza.

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Y no nos engañemos, somos la pata débil de la mesa y si no que se lo digan a personas de prestigio como Hans-Wilhelm Müller-Wohlfahrt (histórico médico del Bayern de Munich) que salió del club intempestivamente tras casi cuatro décadas en el mismo, o a médicos del Real Madrid que salieron por decisión de Sanitas en contra de la opinión de los jugadores.
A pesar de todo ello la tendencia a que la presencia del médico sea permanente con el equipo, es cada vez más fuerte y se asocia a la capacidad económica de los clubes. Así los equipos de fútbol cuentan con médicos con presencia en los entrenamientos y partidos, así como en los viajes, al igual que los equipos más fuertes económicamente del baloncesto.
Esto se explica por el convencimiento de que se necesita a alguien que cuide la salud del jugador, mediante una actividad continua y que abarque todas las facetas del cuerpo humano.  Y mejor que el médico nadie puede aportar esa visión. Por tanto esa visión de globalidad y de cuidado de la salud del jugador es en el fondo una “inversión económica de los clubes”.
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Esta forma de pensar se ha ido extendiendo a lo largo de los últimos años, de manera que los responsables de los clubes han entendido que el jugador es su activo económico más importante, y que cuanto más tiempo estén fuera del equipo, por mala gestión de su salud, peor para al club.
Así la labor del médico no se limita al tratamiento de las lesiones del jugador (ésta la realiza en íntima colaboración con el fisioterapeuta, preparador físico, técnicos, psicólogos, nutricionistas y readaptadores), sino que debe  a cuidar su salud en general. De esa manera la nutrición, el descanso nocturno, la adaptación a los viajes, las vacunaciones, los análisis periódicos, los suplementos deportivos, y un largo etcétera, obligan a una atención permanente.
Está claro que los clubes que van prescindiendo de la presencia diaria de los médicos en los entrenamientos y viajes, están transmitiendo una debilidad económica e institucional muy grande (generalmente el preludio de una hecatombe económica y deportiva).
La UEFA ha comprendido la importancia de esa labor de cuidado permanente del jugador, de manera que hace tiempo creó una comisión médica, formada por médicos de fútbol de élite de toda Europa, a la que encomienda actividades de investigación y formación, estableciendo por otra parte unos requisitos médicos en los partidos de competiciones UEFA, que obligan a disponer de un mínimo de equipamiento y servicios médicos (por parte de los equipos anfitriones) para hacer frente a cualquier evento que pueda ocasionar lesiones o poner en riesgo la vida de un jugador.
Los dos deportes más poderosos económicamente, fútbol y baloncesto, cuentan con que sus médicos están organizados en asociaciones que potencian la formación continuada de sus asociados, permitiendo un continuo avance científico. Así AEMEF y AEMEB, aglutinan a los médicos del fútbol y el baloncesto, respectivamente, aportando a través de las redes sociales un soporte científico, no sólo a sus asociados, sino a la población en general.
Por último me gustaría hacer un breve comentario sobre una de las facetas del trabajo del médico de club, de vital importancia en todos los deportes pero muy especialmente en el baloncesto. Se trata de la participación del médico en el proceso de fichaje de jugadores. La detección de problemas de salud de jugadores antes de ser fichados, puede evitar que la elaboración de una plantilla sea un fracaso.
El fichaje de un jugador del que se espera un rendimiento determinado, se puede ver enturbiado por la existencia de un problema de salud (no sólo de lesiones) que disminuya o anule en un momento determinado su rendimiento.  Si  no se realiza trabajo riguroso en el examen previo a su fichaje que localice y valore esos problemas, el resultado puede ser un desastre.
Y todo ello, a ser posible, con la máxima discreción posible, para respetar algo que para los médicos es una exigencia de nuestro Código Deontológico; la confidencialidad.
La labor del médico de club, una labor difícil, pero apasionante.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Los representantes de jugadores: ¿un mal necesario en el deporte?

Sesteando en la tarde del sábado y dándole vueltas a un posible tema para mi blog, me aparece esta imagen de Twitter en la pantalla del móvil.

En sí no dice gran cosa: camiseta ADIDAS (¿tendrá algún contrato publicitario?), sobrepeso, sin afeitar… En fin, podría ser cualquier habitual de un programa de estos tan populares en los que la gente airea sus intimidades. Poco valor real.

Sin embargo cuando dirijo mi vista al titular de la noticia todo cambia: Mino Raiola: "Guardiola no tendrá los cojones para sentarse conmigo".

Mi primer pensamiento es que poca aportación al desarrollo de la humanidad supone este individuo. Pero como, la verdad, no tengo el placer de conocer al Sr. Raiola, curioseo un poco y me entero de que es un representante de jugadores, que ahora está en la cresta de la ola (y donde está Jorge Mendes?). Sí un representante de jugadores.

De qué vive un presentante de jugadores. Yo imagino que de la comisión que cobra cada vez que un jugador ficha por un equipo. No creo que haya otra cosa. Claro en esto habrá como en botica, de todo. Mejores y peores personas. Lo que ocurre es que generalmente los primeros no saldrán seguramente en la prensa nacional.

Y yo, que no soy especialmente agudo para estas cosas, pienso: ¿si los jugadores estuvieran 3 ó 4 años en un equipo el representante esos años no recibiría ingresos…..? ¿Será por eso que estamos desde hace años asistiendo a la fugacidad del paso de jugadores por los clubes?. Uno o dos años máximo de permanencia en los clubes, en la mayoría de los casos. Seguro que no, seguro que será por otros motivos…

Pero además, esto me lo cuenta un amigo, los representantes de jugadores son a su vez representantes de entrenadores. ¿¿¡¡??!!!.

Oye, le pregunto sin maldad, ¿y eso no influye a la hora de diseñar los equipos?. Pienso yo que si el entrenador es el que debe proponer los jugadores que quiere que fiche el club, podría verse condicionado a solicitar jugadores que lleve su mismo representante ¿no?.

Y de repente es como si se abriera una compuerta en mi mente….. Ahora comprendo algunas noticias que he leído alguna vez y que en su momento no entendí, como por ejemplo que al Valencia que entrenaba Nuno Espirito Santo le llamaban “el equipo de Jorge Mendes”. Caramba, ¡¡si Jorge Mendes es también el representante de ese entrenador!! (esto de Google es tremendo).

No te digo que no soy nada agudo, no pillo nunca las sutilezas. Pero mi amigo, mucho más ducho que yo en esto de los entresijos del deporte, me dice “¿no viste como terminó ese equipo la temporada?. Desastrosamente. Se acusaba a los jugadores de poco compromiso por parte de la afición”. Cierto. Lo leí en la prensa.

Pero ahora el que piensa que mi amigo entiende poco de esto, soy yo. A ver, ¿si yo dependo de un entrenador que tiene como representante al mismo que yo, a quién le debo yo lealtad?.

A lo mejor estoy simplificando todo. No lo sé.

Así que le digo a mi amigo, lo veo todo claro, la competición está adulterada, porque es humano que un entrenador tienda a fichar jugadores de su mismo presentante, por lo puede darse el caso de algunos representantes desvíen jugadores a clubes donde tienen colocados (porque los han colocado ellos) a entrenadores suyos, privando a otros clubes de esa posibilidad.

Así que, con todo esto que estamos hablando, aún me preocupa más la situación del deporte en nuestro país, y más teniendo en cuenta el comentario de Jaka Lakovic hace unas semanas donde alertaba de la situación de los chavales jóvenes al respecto de los representantes (que he rescatado de la hemeroteca http://www.gigantes.com/lakovic-nuevo-asistente-del-barca-b-los-jovenes-solo-piensan-en-un-gran-contrato/) y que alarma mucho.

Pero mi amigo me tranquiliza y me dice “no sufras porque para eso están los Directores Deportivos, para fichar a los mejores jugadores posibles para su club”. Respiro tranquilo, pero sólo unos segundos porque inmediatamente me asalta una nueva pregunta ¿y los directores deportivos tienen representantes?. Porque eso me daría auténtico pánico. ¿Y si lo tienen puede ser el mismo que el de jugadores y entrenadores?.

Madre mía ¡¡qué vértigo!!.

Así que llegados a una situación de falta de conocimiento por parte de mi amigo y mía, decidimos llamar a otro amigo, mucho más versado en estos temas. Puestos en contacto por teléfono (manos libres por supuesto), lo primero que nos espetó fue “ilusos”, para después confirmarnos la terrible noticia. Sí!!.

Auténtica decepción.

A mí me parece que en esta situación viene muy a cuento la cita “la mujer del César no sólo debe ser honrada sino además debe parecerlo”.  No sé qué os parece a vosotros.

Y digo yo, como decía otro amigo mío (ninguno de los dos de esta tarde), a “mi corto entender”, esto que saben mis amigos, ¿lo sabrán en el Consejo Superior de Deportes, y en la FEF, y en la FEB, y en la LFP……?. ¿O no?. Igual son como yo que no se enteran de nada de estas cosas (o de muy poco la verdad).

En fin, avanza la tarde el sábado y me he quedado agotado con tantas sorpresas (y desagradables), así que dejare que sean mis lectores los que decidan si esto es tan interesante, y grave, como a mí me parece o no.

domingo, 28 de agosto de 2016

EL DOPAJE VISTO DESDE LA BIOETICA ¿SORPRESA?

Es habitual que en nuestra vida debamos enfrentarnos a múltiples dilemas bioéticos, y el deporte no puede quedar al margen, ni ser ajeno a la reflexión ética, sobre todo tratándose de una de las actividades más practicadas en nuestra sociedad.
Cuando hablamos del ideal deportivo lo hacemos desde una polaridad bien definida:
-              Por un lado los valores recogidos en la Carta Olímpica, promulgada el 12 de Diciembre de 1999.
-              Por otro lado los valores de consecución de la victoria.
El dopaje nace de la necesidad de alcanzar el record o la victoria.
Al valorar el problema del dopaje, podemos caer en el error de pensar que estamos ante un hecho aislado y rechazado socialmente. Nada más lejos de la realidad, como demostró el Dilema Goldman en su momento. Durante más de una década este investigador encuestó a deportistas de élite planteándoles si estarían dispuestos a tomar una sustancia dopante que les garantizara el éxito deportivo aun sabiendo que dicha droga acabaría con sus vidas cinco años después. El resultado durante esos años no varió, manifestando más del 50% de los participantes que estarían a favor de dicha opción. Sin embargo, cuando este estudio se aplica a personas sin relación con el deporte, apenas estaban a favor un 1%.
Concepto de «mejoramiento» o «enhancement» y dopaje.
El fenómeno de “mejoramiento” o “enhancement” (en terminología anglosajona), busca aumentar las posibilidades del cuerpo humano por encima de las capacidades naturales. Cuando lo aplicamos al deporte, estamos sencillamente ante una práctica que modifica el sentido y los valores de esta actividad.
El principal problema de las técnicas de mejoramiento es que no son mal vistas por la mayoría de la sociedad, de manera que se utilizan desde hace años fármacos, para afrontar situaciones de la vida cotidiana o laboral con mayores garantías de éxito, siendo esta práctica aceptada e incluso promovida socialmente con un perfil positivo.
Un caso paradigmático es la cafeína, cuyo uso se ha llegado a considerar normal para aumentar el rendimiento cognitivo en niños y sin embargo ha sido considerado dopaje durante muchos años.
El Código Mundial Antidopaje establece que dos de las tres condiciones siguientes deben darse para que una sustancia o tecnología deba ser prohibida en el deporte:
-       Debe ser dañina para la salud (Harmful to health)
-       Debe realzar el desempeño (Performance enhancing)
-       Debe ir contra el espíritu del deporte (Against the “spirit of sport)
Pero esto nos plantea dudas sobre muchas situaciones.
Un ejemplo: el uso de la cámara hiperbárica como método de entrenamiento ¿Podría incluirse dentro del concepto de dopaje? Si un deportista la usa ¿no está utilizando una técnica que mejora el desempeño, y por otra parte va contra el espíritu del deporte (igualdad de oportunidades) porque muchos atletas de todo el mundo no van a poder disponer de esta tecnología, y por tanto están en desventaja? Desde esta perspectiva, parece claro que estaríamos ante una práctica susceptible de ser considerada como dopaje aunque no está catalogada como tal en la actualidad.
Cuando se estudia la bibliografía (este tema fue el que elegí para mi trabajo de fin de Master de Bioética) seleccionando aquellos artículos que contienen términos relacionados con el dopaje y la bioética encuentra una sorpresa: hay menos de 40 artículos publicados sobre el tema del dopaje analizado desde el punto de vista de la Bioética.
Posiblemente esta escasez de publicaciones tiene su origen en la aceptación, desde hace años, de que el dopaje es ilícito desde el punto de vista ético (seguramente influido por el hecho de que está prohibido), basándose fundamentalmente en dos aspectos: la salud del deportista y que se considera un fraude a la competición.
Sin embargo, cada vez son más las voces discordantes que exigen una revisión de este tema, planteando argumentos en contra y a favor del dopaje.
Si analizamos los argumentos (a favor y en contra del dopaje) recogidos en dichas publicaciones, nos encontramos con los siguientes:
Argumento 1: EL DOPAJE AFECTA A LA SALUD DEL DEPORTISTA
Considerado por muchos autores como un argumento suficiente en sí mismo, la principal discusión que se plantea es ¿El dopaje es negativo para la salud de un deportista?
Si revisamos el listado de sustancias y métodos prohibidos en el dopaje, encontramos que algunas sustancias no tienen prácticamente riesgos para la salud, si se utilizan correctamente.
Hoy en día la investigación farmacológica ha mejorado, aumentando la seguridad de uso de los fármacos (sustancias como la Hormona del Crecimiento, la eritropoyetina o las autotransfusiones, se utilizan desde años como tratamientos médicos).
Además hay sustancias cuyo riesgo potencial prácticamente no existe. Por ejemplo ¿qué daño puede ocasionar la ingesta de una pequeña cantidad de alcohol para participar en una competición?
En este sentido el transhumanismo, considera que las conmociones cerebrales en el fútbol americano, el rugby o el boxeo, son perjudiciales para la salud del deportista, y sin embargo no se utiliza el mismo criterio ético con estas prácticas que con el dopaje.
Por otra parte tengamos en cuenta la percepción por parte del consumidor de sustancias dopantes, que en muchas ocasiones no asume que tengan riesgos para la salud.
Respecto al dopaje genético las pocas evidencias de las que disponemos orientan a riesgos para la salud del deportista, como su asociación con la aparición de reacciones inmunológicas graves, mutagénesis, y riesgo de cáncer. Los resultados futuros son completamente impredecibles y seguramente irreversibles.
Argumento 2: EL DOPAJE PROVOCA UNA COMPETENCIA DESLEAL
Es el otro argumento que más se utiliza entre los detractores del dopaje, como vulneración del principio de justicia, ya que consideran que se contrapone a la igualdad en la competición, y que existe una diferencia en cuanto al acceso al mismo, pudiendo algunos deportistas utilizar métodos más sofisticados que otros.
Sin embargo hay voces que defienden el dopaje, utilizando como argumento que se sigue utilizando a pesar de la prohibición, pero que no todos los deportistas tienen la misma capacidad de acceder a él, lo que aumenta la desigualdad.
Se llega incluso a recomendar la legalización del dopaje, esgrimiendo que para otras prácticas no se utilizan los mismos criterios, como el caso de la utilización de las tiendas de hipoxia que no son consideradas dopaje. Algunos consideran que lo realmente injusto es que haya deportistas que puedan acceder a estos métodos “legales”, mientras que otros no pueden por imposibilidad económica o falta de acceso a los mismos.
Quienes defienden el dopaje genético consideran que éste favorece el desarrollo de determinadas cualidades físicas igualando la diferencia genética natural, con lo que el éxito dependerá del esfuerzo individual y no de la carga genética. Con esta argumentación defienden que el dopaje genético no sería éticamente reprobable porque pondría a todos al mismo nivel de partida, si bien han recibido por ello fuertes críticas.
Argumento 3. EL DEPORTE DEBE REALIZARSE SIN AYUDAS EXTERNAS, POR EL MAL EJEMPLO QUE OFRECEN A LA SOCIEDAD
Algunos autores consideran que el dopaje en el deporte es una práctica que va en contra de los principios de la sociedad, ofreciendo un ejemplo negativo.
Sin embargo esto contradice la alta permisividad social, ante el consumo de sustancias como el tabaco o el alcohol, o con los deportistas detenidos por conducir borrachos.
Argumento 4: DEBE PRIMAR LA LIBERTAD INDIVIDUAL SOBRE EL RESTO DE ARGUMENTOS
El transhumanismo considera este principio como prioritario, anteponiéndolo por encima de todo lo demás.
Hay autores que incluso defienden este argumento a pesar de que exista una falta de un conocimiento profundo de los efectos del dopaje, olvidando que para poder desarrollar este principio de autonomía, es necesario que la persona tenga un conocimiento exhaustivo de aquel asunto sobre el que tiene que tomar la decisión.
Argumento 5: UN DOPAJE CONTROLADO EVITARÍA EN GRAN MEDIDA LOS RIESGOS DEL MISMO
Diversos autores se postulan a favor de una legalización del dopaje, al considerar que es inútil resistirse al mismo, es inevitable y por tanto lo sensato sería afrontarlo con inteligencia.
Consideran que el control perfecto a través de los métodos de detección actuales y los reglamentos sancionadores es imposible (se siguen detectando casos de dopaje), y además como consecuencia de su ilegalidad, las condiciones en las que se practica conllevan unos riesgos mayores que si se realizara en el contexto de un control médico adecuado.
Por ello defienden que el uso de determinadas técnicas de dopaje de una forma controlada, convertirían al deporte en una práctica más segura y estable.
Quienes defienden el control estricto del dopaje argumentan que la legalización podría conllevar una mayor presión a los atletas, un mayor consumo y el uso de combinaciones cada vez más peligrosas de fármacos, por lo no mejoraría la situación actual o incluso empeoraría.
Por hoy no quiero aburriros más. Existen otros múltiples problemas éticos asociados al dopaje, pero los veremos más adelante.
Lo que parece claro es que el problema del dopaje debe revisarse desde muchos puntos de vista, y que debemos replantearnos que las medidas punitivas pueden no ser suficientes para terminar con esta lacra. Las estrategias educativas cuentan cada vez con más defensores (incluidos los propios deportistas).
La evidencia (a veces lejos de lo creemos) es que existen muy pocos artículos científicos cuyo objeto sea valorar el dopaje desde un punto de vista ético. Lo cierto es que la capacidad de persuasión de los argumentos contra el dopaje en el deporte son en algunos casos poco convincentes para una parte de la población (tanto deportista como público) y no parece que haya ninguna situación que justifique la eliminación de todas las sustancias que mejoran el rendimiento en el deporte competitivo.
Como crítica personal, decir que los argumentos a favor del dopaje (su legalización) carecen de un fundamento metodológico adecuado.
Por todo ello parece que la tendencia futura es que ante las dos tendencias habituales de afrontamiento del dopaje (los que lo quieren ver prohibido y los que quieren verlo permitido) sea una tercera posición que promueve valorar el dopaje en relación a los antecedentes personales de cada atleta, y promover programas preventivos, en lugar de sanciones graves, lo que parece una manera probablemente más eficaz de luchar contra el mismo.

sábado, 20 de agosto de 2016

Hasta siempre CAI

Ayer me comunicó el CAI que prescindía de mis servicios.
Fin.
14 años.
No es posible resumir ese tiempo en unas pocas líneas. Es injusto porque no podré mencionar a todos los que querría. Son tantos los amigos que me ha dado el deporte que tendré que ir despidiéndome poco a poco durante estos próximos meses de cada uno de ellos.
Cuando en el verano del 2002 (qué recuerdos) Pepe Arcega (gran amigo) me llamó para participar en un maravilloso proyecto, y le dije sí, sabía que emprendía un camino con fecha de caducidad. Hubiera sido absurdo pensar que todo es eterno. El deporte profesional no hace cautivos.
A pesar de ese convencimiento (el de que este día de hoy llegaría antes o después) no pude impedir que una ilusión inmensa me recorriera el cuerpo (la misma que más tarde pude ver en las caras de nuestros aficionados en el primer partido de presentación y que me ha ayudado para aguantar los avatares de estos años).
Siempre me he sentido más aficionado que trabajador del club.
Quizás eso fue determinante para que Garmendía me pitara una técnica en su día (lo que me reí con él los años siguientes comentando que por su culpa tomaba un Valium antes de cada partido) y para que surgieran otros incidentes posteriores con árbitros de los que no estoy orgulloso. Pero el “forofo” que habita en mí es difícil de refrenar.
Sería injusto si no dijera que ese forofo/empleado también sentía una comunión con un grupo de empresarios (nuestros consejeros) que transmitían también una alegría inconmensurable. Patrocinadores, instituciones, prensa, proveedores… Que gran familia¡¡ Todos juntos en pos de un objetivo: la ACB.
Años fantásticos donde sentías una íntima relación con afición (siempre debe ser la primera), presidencia, dirección deportiva, gerencia y todos mis compañeros (y amigos) de la estructura administrativa y técnica del club.
El descenso (no lo olvidaré nunca Perea) marcó un antes y un después.
Sólo la presencia de José Luis ponía un punto de sensatez (pero se fue demasiado pronto). Lo de después fue de locura (que innobles fueron contigo Joaquín).
Cuando lo que te mueve a estar en el deporte es la ilusión todo lo excusas. Cuando te hacen perder la ilusión no merece la pena sufrir.
Me he despedido de todos los amigos que he dejado en el club. Me he despedido de todos los colaboradores del área sanitaria (inmenso apoyo el que han prestado estos años, casi nunca reconocido en su integridad).  Me he despedido de mucha gente, pero me queda mucha a la que decir adiós. No tengo otro medio que este.
Gracias a todos los que habéis sido constructivos estos años, pero sobre todo gracias a los críticos; sois los que más nos ayudasteis a ser mejores los primeros años (por cierto os he echado en falta los últimos).
Y la afición?
 Sólo decir que soy de los vuestros. Que me he sentido identificado con vuestros aplausos, con vuestros silbidos, con vuestras lágrimas, con vuestras decepciones e ilusiones.
Este año me sentaré con vosotros (los míos) y seguiré sintiéndome caísta en la grada. A la postre eso no cambia mucho, da lo mismo donde esté uno sentado.
Y como no voy a acordarme de quienes siempre han estado a mi lado. Mi familia.
Partido tras partido animando en la grada. Mi hijo jugando en la cantera (pobrecita cantera mía) mientras disfrutó. Mi hija como voluntaria muchos años y como espectadora después. Mi mujer alegrándose y sufriendo conmigo en cada canasta, y padeciendo las horas de convivencia que el baloncesto nos robó. Mis padres, mis hermanos…, todos socios de un club que fue inmenso en su origen (espero que alguna vez recupere ese señorío).
Sin ellos no hubiera sido posible.
Adiós CAI

Hasta siempre CAI

lunes, 2 de marzo de 2015

¿Es capaz nuestro sistema inmunitario de entrenarse?



Cuantos fármacos toman hoy los niños?
Qué comen?
Qué actividad física hacen?
Necesitamos el estrés?
Cúmulo de preguntas que vienen al final a hacerme reflexionar sobre si hoy nuestros niños y adolescentes son más sanos que hacen unos años, porque su cuerpo está más entrenado. Y cuando hablamos de cuerpo entrenado no estoy hablando de ejercicio físico o deporte, estoy hablando de entrenar nuestro sistema inmunitario.
Qué mejor forma de entrenar a nuestro sistema inmunitario (que luego tiene que reaccionar ante situaciones de estrés), que entrenarlo sometiéndolo a situaciones de estrés y sosteniéndolo con elementos que le fortalezcan (como una buena nutrición).
El estrés es uno de los elementos más influyentes en nuestro organismo, y ello lo hace a través de la liberación del ACTH (llamada la hormona del estrés).
Uno de los efectos perniciosos para nuestro organismo es que ante esas situaciones de estrés, la liberación de ACTH puede inducir una inhibición de la respuesta de nuestro sistema inmunitario, y como consecuencia directa una mayor posibilidad de contraer enfermedades infecciosas.

¿Y el ejercicio físico no es estrés?
El ejercicio físico proporciona una multitud de efectos beneficiosos sobre nuestro organismo sobre los que existe mucha información hoy en día. Pero también el exceso de ejercicio físico puede provocar un estrés que provocará efectos perjudiciales.
Ciertamente debemos pensar en el equilibrio.
Nuestro sistema inmunitario está preparado para detectar cualquier patógeno que pueda provocar una enfermedad, y posteriormente neutralizarlos.
Como cualquier sistema de nuestro organismo, ese sistema inmunitario responderá al ejercicio físico de una manera o de otra, en función de la intensidad del estímulo al que le sometamos.
Todas nuestras células, responden primero, y se adaptan después a los estímulos, y el ejercicio físico es otro más. Y aquí entra en juego otro concepto: para que los cambios se instauren las células necesitan tiempo para su readaptación, y necesitan que el estímulo se repitan de una forma controlada (y eso es el entrenamiento).
Un objetivo claro es el de conseguir un fortalecimiento de nuestro sistema inmunológico y evitar su deterior.
Hoy en día es aceptado que muchas de las enfermedades crónicas que padecemos (y cuyo riesgo de muerte prematura se ve reducido por la actividad física programada) se asocian a una respuesta inflamatoria crónica como consecuencia de una alteración de sistema inmune.
En este sentido parece que una actividad física regular y programada puede mejorar el funcionamiento del sistema inmunitario y reducir la respuesta inflamatoria de las enfermedades crónicas, ya que durante dicha actividad induce la producción de citocinas antiinflamatoria (IL-6) y también de la IL-12 (a través de su estimulación por la hormona del crecimiento).
En general el ejercicio físico (no extenuante) produce un aumento de los neutrófilos circulantes, una mejora funcional de las células NK, influye en los niveles y función de los linfocitos.

Ejercicio extenuante y el sistema inmune
El problema se plantea con el ejercicio muy intenso, mal coordinado y sin supervisión especializada. En este casos el ejercicio extenuante puede conducir a quién lo practica a un estado de estrés que afecte a su salud.
En este caso se estimula el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, con la consecuente producción de CRH, ACTH y glucocorticoides, que tienen un efecto bloqueante del sistema inmune.

En resumen
La falta de ejercicio o sedentarismo tiene graves consecuencia para la salid.
El ejercicio induce efectos  beneficiosos sobre el sistema inmunológico.
Cuando se practica sin control y de forma extenuante puede asociarse a un aumento de enfermedades infecciosas.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Me gusta Ancelotti y no me gustan otros.



El desgraciado acontecimiento ocurrido hoy en Madrid me hace reflexionar sobre un tema que posiblemente no parezca relacionado con mi blog, pero que finalmente guarda relación directa.
Me gusta Ancelotti.
Sí me gusta, aunque no sé si es buen entrenador o no, ni si es buena persona o no. Pero me gusta. Me gusta ese aire relajado que transmite, ese aspecto de gentleman, ese quitar importancia a los problemas. Me recuerda a Vicente del Bosque. No sé si saben o no de fútbol (presumo que mucho más que yo) pero lo cierto es que ambos transmiten tranquilidad, y favorecen que se tenga una visión del fútbol más lúdica, más relajada, más entretenida. Una filosofía que se acerca más a la que tienen los americanos.
No me gustan por el contrario los que crispan el ambiente, los que transmiten violencia, los que hablan con desdén, o se dedican a criticar al contrario (y de esos hemos tenido algún ejemplo estos últimos años que afortunadamente ha emigrado a otros lares).
Y por qué creo que esto es importante, porque esa forma de ser (la crispante) de los entrenadores, de los jugadores y de los directivos del fútbol, favorece la violencia en el terreno de juego y fuera del terreno de juego. Yo, por ejemplo, no he visto estos dos últimos años a un defensa del equipo de la capital de España, ibérico por cierto, entradas intempestivas (por ser suave) como las que realizaba los años anteriores con otro entrenador.
El límite entre la motivación y la violencia, es un límite demasiado peligroso de cruzar, y por cierto muy difuso.
Sí me gusta Ancelotti, y del Bosque, y otros entrenadores, que transmiten tranquilidad. Tengo la esperanza de que ello con el tiempo haga que los padres transmitan tranquilidad a los niños en el deporte, y que esos niños cuando sean mayores, sean unos espectadores tranquilos, que irán al fútbol a disfrutar de un espectáculo, y no a plantear una batalla campal contra unos rivales deportivos, que no personales. Morir por pelear antes de un partido es una desgracia que nunca debería repetirse.
Por eso me gusta Ancelotti, y del Bosque, porque no sé si saben mucho o poco, si son buenas personas o no. Me gustan porque abren la esperanza a una mentalidad distinta de nuestros niños (y de sus padres si todavía son reciclables), que espero que vivan el deporte sin repetir los errores de sus adultos de hoy, y que no queden antes de un partido para montar una pelea con sus rivales deportivos, sino para tomar una cerveza y compartir una relación humana, fundamentada en un deporte (el que sea).
Por eso gracias Ancelotti, gracias del Bosque.

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