viernes, 30 de septiembre de 2016

Estado y sociedad

Cuando retomé las entradas de mi blog, renombré el mismo con el título “Baloncesto, Medicina y Humanidades”, influido seguramente por una tradición (cada vez menos patente hoy en día) por la cual la profesión médica se relaciona íntimamente con una faceta humanista.
Todavía recuerdo la primera revista a la que me suscribí como alumno imberbe de primero de medicina y que tanto me impactó: “JANO. Medicina y Humanidades”.
Siguiendo esa tradición, me permitiré intercalar en las entradas del blog, algunas que versen sobre asuntos variados relacionados con las Humanidades (música, política, literatura…), y no exclusivamente sobre deporte.
Para comenzar hoy, aprovechando la situación política de nuestro país, me voy a permitir una breve reflexión personal sobre sobre aspectos de la sociales y del  concepto de Estado, utilizando la mejor arma para la reflexión en estos asuntos que es la historia.
A la sombra de la revolución industrial (a lo largo de finales del siglo XVIII y principios del XIX), que generó un aumento de la renta per cápita y una inmensa masa social, se fraguó una asociación que marcó toda una época: la revolución industrial caminó de la mano de un creciente dominio de la democracia como sistema institucional.

Pero desde mi interpretación, siempre han coexistido dos grupos en la población, con independencia de su nivel social:
-          Un grupo complaciente, poco exigente consigo mismo, acomodado en su vulgaridad.
-          Otro (necesariamente más reducido que el primero) con una exigencia personal elevada, con afán de superación, con objetivos.
Como contraposición a esa gran masa que conforma el primer grupo (insisto con independencia de su nivel socioeconómico), siempre existió (igual que hoy) un grupo minoritario que adquiere el papel de director de la masa.
Desde mi punto de vista, lo peor de esta diferenciación es la característica de que el primer grupo pretende, habitualmente, imponer su criterio al conjunto de la colectividad, a veces incluso a través de la violencia, física o verbal, sin respeto alguno a quien no piensa como él, o no está de acuerdo con sus planteamientos.
Podría ser temerario, y reduccionista, interpretar que una parte de la culpa de la aparición de las guerras en el siglo XX es fruto de la llegada al poder de grupos de personas pertenecientes al primer grupo de población antes descrito. Seguro que no es el motivo único, pero encaja, si me lo permitís, con mi planteamiento.
Pero para mí, lo peor de ese hombre vulgar e indolente, que termina por alcanzar la dirección, es que ejerce la misma dejando de lado los principios de igualdad que le permitieron a él llegar a esa situación, e insiste en ser como es: impone su pensamiento a los demás (como sea) al considerar el del resto menos válido que el suyo.
Creo que la reflexión histórica es una de las armas más útiles para entender el presente, y en general ese grupo de población complaciente y mimado, finalmente termina por rebelarse contra aquello que le permitió tener protagonismo: la democracia y el estado contemporáneo.
Sí, terminan luchando contra la democracia al atacar su misma esencia (“todos los ciudadanos son iguales”) porque se creen mejores que el resto, despreciando sus ideas e intentando imponer, como he dicho antes, su posición con acciones directas y a veces violentas.
Pero también atacan la esencia del estado contemporáneo, base de nuestro sistema actual de convivencia. Ese estado de creación burguesa, que ha demostrado durante décadas ser una organización eficiente en alcance y recursos. Pues sí ese hombre vulgar y poco exigente consigo mismo, es capaz de exigir en todo momento la intervención de papá-Estado para que solucione cualquier problema, conflicto o dificultad, que él mismo ni se plantea resolver.
Tras la primera guerra mundial y la depresión de 1929, ya se extendió la idea de que la economía liberal estaba agotada y el sistema capitalista se derrumbaría. Pero no fue así a pesar de los pronósticos. Conviene recordar que tras esa crisis se desarrollaron tendencias de pensamiento como el relativismo y el existencialismo. El pesimismo predominó en la sociedad de esos años. ¿Os suena algo todo esto?.
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Pero os invito a un segundo vistazo a la historia. Tras la segunda guerra mundial las fuerzas políticas se congregaron en tres grandes partidos: el socialista, el comunista, y la democracia cristiana. Tres grandes partidos: Os suena de algo esto?.
Quizás la historia pueda enseñarnos algo.
¿Y el tan traído y llevado Estado del Bienestar?
Creo que hoy nos encontramos ante una repetición de acontecimientos históricos, cuyos protagonistas siguen siendo los dos grupos poblacionales, que he mencionado antes, y considero que ahora el gran damnificado puede ser el Estado.
Respetando cada concepto de Estado, para mí un Estado no es fruto de la consanguineidad, ni de la lengua, ni de la unidad territorial. Entiendo el Estado como algo sin límite físico que se basa en un deseo común de hacer algo y alcanzar un objetivo.
Por eso creo que aplicamos al término Estado del Bienestar el concepto de pretender gestionar la riqueza redistribuyendo la misma vía subsidios, pensiones y servicios sociales. Esta gestión es sostenible en épocas de bonanza económica, pero difícilmente viable en etapas de recesión.
¿Cómo encontrar el equilibrio que permita mantener estos logros sociales sin hipotecar el futuro condicionado por los ciclos de la economía y las crisis económicas?. El problema es que todavía somos esclavos del concepto de Estado derivado de la ideas roussonianas y de la Revolución francesa: el estado es simplemente una institución al servicio del pueblo.
Cuanto me gustaría que nuestra idea de estado fuera distinta. Abandonar esa idea de papa – estado, y transformarla por un concepto más moderno, donde el  Estado sea un espacio ciudadano a reconquistar, sobre una democracia reconstruida sobre bases saneadas.
Sólo cabe una lectura en la onda de Hermann Hesse cuando decía: "No me interesa nada de lo político, de lo contrario hace mucho que sería revolucionario."

viernes, 23 de septiembre de 2016

¿Qué hace el médico de un club profesional?

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Seguramente si tuviéramos a mano una Appgree y realizáramos esta pregunta a un público amplio, encontraríamos un 99% de las respuestas en la casilla de “tratar lesiones”.
Dieciséis años en el deporte profesional: 2 en el baloncesto femenino, y 14 en el masculino (más 2 años simultáneos en el fútbol sala), me permiten rebatir esa tendencia de pensamiento.
Es la idea generalizada, porque es lo que reflejan los medios de comunicación: un médico saltando al campo cuando un jugador se lesiona, para determinar si la gravedad de la lesión le impide o no seguir jugando. Fin de su labor.
¡¡ Lástima de imagen la que se transmite de nuestro trabajo ¡¡.
Quizás los culpables hemos sido nosotros mismos, ya que no hemos sido capaces de modular una imagen más real.
Zlatan Ibrahimovic decía en una entrevista a Aspetar
Sports Medicine Journal, (hablando sobre la relación médico y futbolista): “Para mí, el médico es mi mejor amigo. Es a quien doy más confianza porque no me ve sólo como un jugador de fútbol”. Fantásticas palabras sin duda.
Y lo cierto es que debería ser así, y lo es en la mayor parte de los casos, pero es evidente que ello depende finalmente de la personalidad y el carácter de cada médico. Conseguir el equilibrio entre preservar la salud del jugador (lo primero sin discusión posible) y las presiones para que un jugador juegue, es difícil.
Imaginad la presión ante un jugador que ha sufrido una pérdida de conciencia de unos segundos tras un traumatismo en la cabeza, cuando el médico dice que no debe volver al campo, y todos (jugador, entrenador, público) están presionando para volver. Mantener el tipo y sacar al jugador del campo por el riesgo (mayor o menor) que tiene, exige mucha templanza.

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Y no nos engañemos, somos la pata débil de la mesa y si no que se lo digan a personas de prestigio como Hans-Wilhelm Müller-Wohlfahrt (histórico médico del Bayern de Munich) que salió del club intempestivamente tras casi cuatro décadas en el mismo, o a médicos del Real Madrid que salieron por decisión de Sanitas en contra de la opinión de los jugadores.
A pesar de todo ello la tendencia a que la presencia del médico sea permanente con el equipo, es cada vez más fuerte y se asocia a la capacidad económica de los clubes. Así los equipos de fútbol cuentan con médicos con presencia en los entrenamientos y partidos, así como en los viajes, al igual que los equipos más fuertes económicamente del baloncesto.
Esto se explica por el convencimiento de que se necesita a alguien que cuide la salud del jugador, mediante una actividad continua y que abarque todas las facetas del cuerpo humano.  Y mejor que el médico nadie puede aportar esa visión. Por tanto esa visión de globalidad y de cuidado de la salud del jugador es en el fondo una “inversión económica de los clubes”.
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Esta forma de pensar se ha ido extendiendo a lo largo de los últimos años, de manera que los responsables de los clubes han entendido que el jugador es su activo económico más importante, y que cuanto más tiempo estén fuera del equipo, por mala gestión de su salud, peor para al club.
Así la labor del médico no se limita al tratamiento de las lesiones del jugador (ésta la realiza en íntima colaboración con el fisioterapeuta, preparador físico, técnicos, psicólogos, nutricionistas y readaptadores), sino que debe  a cuidar su salud en general. De esa manera la nutrición, el descanso nocturno, la adaptación a los viajes, las vacunaciones, los análisis periódicos, los suplementos deportivos, y un largo etcétera, obligan a una atención permanente.
Está claro que los clubes que van prescindiendo de la presencia diaria de los médicos en los entrenamientos y viajes, están transmitiendo una debilidad económica e institucional muy grande (generalmente el preludio de una hecatombe económica y deportiva).
La UEFA ha comprendido la importancia de esa labor de cuidado permanente del jugador, de manera que hace tiempo creó una comisión médica, formada por médicos de fútbol de élite de toda Europa, a la que encomienda actividades de investigación y formación, estableciendo por otra parte unos requisitos médicos en los partidos de competiciones UEFA, que obligan a disponer de un mínimo de equipamiento y servicios médicos (por parte de los equipos anfitriones) para hacer frente a cualquier evento que pueda ocasionar lesiones o poner en riesgo la vida de un jugador.
Los dos deportes más poderosos económicamente, fútbol y baloncesto, cuentan con que sus médicos están organizados en asociaciones que potencian la formación continuada de sus asociados, permitiendo un continuo avance científico. Así AEMEF y AEMEB, aglutinan a los médicos del fútbol y el baloncesto, respectivamente, aportando a través de las redes sociales un soporte científico, no sólo a sus asociados, sino a la población en general.
Por último me gustaría hacer un breve comentario sobre una de las facetas del trabajo del médico de club, de vital importancia en todos los deportes pero muy especialmente en el baloncesto. Se trata de la participación del médico en el proceso de fichaje de jugadores. La detección de problemas de salud de jugadores antes de ser fichados, puede evitar que la elaboración de una plantilla sea un fracaso.
El fichaje de un jugador del que se espera un rendimiento determinado, se puede ver enturbiado por la existencia de un problema de salud (no sólo de lesiones) que disminuya o anule en un momento determinado su rendimiento.  Si  no se realiza trabajo riguroso en el examen previo a su fichaje que localice y valore esos problemas, el resultado puede ser un desastre.
Y todo ello, a ser posible, con la máxima discreción posible, para respetar algo que para los médicos es una exigencia de nuestro Código Deontológico; la confidencialidad.
La labor del médico de club, una labor difícil, pero apasionante.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Los representantes de jugadores: ¿un mal necesario en el deporte?

Sesteando en la tarde del sábado y dándole vueltas a un posible tema para mi blog, me aparece esta imagen de Twitter en la pantalla del móvil.

En sí no dice gran cosa: camiseta ADIDAS (¿tendrá algún contrato publicitario?), sobrepeso, sin afeitar… En fin, podría ser cualquier habitual de un programa de estos tan populares en los que la gente airea sus intimidades. Poco valor real.

Sin embargo cuando dirijo mi vista al titular de la noticia todo cambia: Mino Raiola: "Guardiola no tendrá los cojones para sentarse conmigo".

Mi primer pensamiento es que poca aportación al desarrollo de la humanidad supone este individuo. Pero como, la verdad, no tengo el placer de conocer al Sr. Raiola, curioseo un poco y me entero de que es un representante de jugadores, que ahora está en la cresta de la ola (y donde está Jorge Mendes?). Sí un representante de jugadores.

De qué vive un presentante de jugadores. Yo imagino que de la comisión que cobra cada vez que un jugador ficha por un equipo. No creo que haya otra cosa. Claro en esto habrá como en botica, de todo. Mejores y peores personas. Lo que ocurre es que generalmente los primeros no saldrán seguramente en la prensa nacional.

Y yo, que no soy especialmente agudo para estas cosas, pienso: ¿si los jugadores estuvieran 3 ó 4 años en un equipo el representante esos años no recibiría ingresos…..? ¿Será por eso que estamos desde hace años asistiendo a la fugacidad del paso de jugadores por los clubes?. Uno o dos años máximo de permanencia en los clubes, en la mayoría de los casos. Seguro que no, seguro que será por otros motivos…

Pero además, esto me lo cuenta un amigo, los representantes de jugadores son a su vez representantes de entrenadores. ¿¿¡¡??!!!.

Oye, le pregunto sin maldad, ¿y eso no influye a la hora de diseñar los equipos?. Pienso yo que si el entrenador es el que debe proponer los jugadores que quiere que fiche el club, podría verse condicionado a solicitar jugadores que lleve su mismo representante ¿no?.

Y de repente es como si se abriera una compuerta en mi mente….. Ahora comprendo algunas noticias que he leído alguna vez y que en su momento no entendí, como por ejemplo que al Valencia que entrenaba Nuno Espirito Santo le llamaban “el equipo de Jorge Mendes”. Caramba, ¡¡si Jorge Mendes es también el representante de ese entrenador!! (esto de Google es tremendo).

No te digo que no soy nada agudo, no pillo nunca las sutilezas. Pero mi amigo, mucho más ducho que yo en esto de los entresijos del deporte, me dice “¿no viste como terminó ese equipo la temporada?. Desastrosamente. Se acusaba a los jugadores de poco compromiso por parte de la afición”. Cierto. Lo leí en la prensa.

Pero ahora el que piensa que mi amigo entiende poco de esto, soy yo. A ver, ¿si yo dependo de un entrenador que tiene como representante al mismo que yo, a quién le debo yo lealtad?.

A lo mejor estoy simplificando todo. No lo sé.

Así que le digo a mi amigo, lo veo todo claro, la competición está adulterada, porque es humano que un entrenador tienda a fichar jugadores de su mismo presentante, por lo puede darse el caso de algunos representantes desvíen jugadores a clubes donde tienen colocados (porque los han colocado ellos) a entrenadores suyos, privando a otros clubes de esa posibilidad.

Así que, con todo esto que estamos hablando, aún me preocupa más la situación del deporte en nuestro país, y más teniendo en cuenta el comentario de Jaka Lakovic hace unas semanas donde alertaba de la situación de los chavales jóvenes al respecto de los representantes (que he rescatado de la hemeroteca http://www.gigantes.com/lakovic-nuevo-asistente-del-barca-b-los-jovenes-solo-piensan-en-un-gran-contrato/) y que alarma mucho.

Pero mi amigo me tranquiliza y me dice “no sufras porque para eso están los Directores Deportivos, para fichar a los mejores jugadores posibles para su club”. Respiro tranquilo, pero sólo unos segundos porque inmediatamente me asalta una nueva pregunta ¿y los directores deportivos tienen representantes?. Porque eso me daría auténtico pánico. ¿Y si lo tienen puede ser el mismo que el de jugadores y entrenadores?.

Madre mía ¡¡qué vértigo!!.

Así que llegados a una situación de falta de conocimiento por parte de mi amigo y mía, decidimos llamar a otro amigo, mucho más versado en estos temas. Puestos en contacto por teléfono (manos libres por supuesto), lo primero que nos espetó fue “ilusos”, para después confirmarnos la terrible noticia. Sí!!.

Auténtica decepción.

A mí me parece que en esta situación viene muy a cuento la cita “la mujer del César no sólo debe ser honrada sino además debe parecerlo”.  No sé qué os parece a vosotros.

Y digo yo, como decía otro amigo mío (ninguno de los dos de esta tarde), a “mi corto entender”, esto que saben mis amigos, ¿lo sabrán en el Consejo Superior de Deportes, y en la FEF, y en la FEB, y en la LFP……?. ¿O no?. Igual son como yo que no se enteran de nada de estas cosas (o de muy poco la verdad).

En fin, avanza la tarde el sábado y me he quedado agotado con tantas sorpresas (y desagradables), así que dejare que sean mis lectores los que decidan si esto es tan interesante, y grave, como a mí me parece o no.

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